Esta noche hay teatro en la Casa de la Cultura, o una peli genial en la filmoteca, o la presentación de un libro con la asistencia del autor… Lo propones de manera cordial, sin darle mucha importancia, mientras compruebas que la baraja no está marcada. Otra tarde de sábado mirando por la ventana, con su café y su partida, rodeado de mesas con caras parecidas a la tuya que también miran por el cristal, como si todos estuviéramos esperando a alguien. Igual podríamos ir al teatro, a ver qué tal, me han hablado bien de la compañía y la obra es un clásico… Ahí te has columpiado, vale que menciones lo del teatro, pero que te pongas a hablar de la compañía y de no sé qué clásico; la gente se revuelve incómoda, algunos apuran el café despistados, otros te escuchan y asienten como disculpándose, se hace un silencio eterno mientras tu compañero de partida prolonga demasiado la pesada tarea de barajar, entonces, por fin, el gracioso de turno te responde burlonamente, sí, hombre, nos vamos al teatro como culturetas, luego un rato al baile y a la cama temprano. Las risas son generales y el efecto inmediato, no te queda más que aceptar el envite con humildad y reírte tú también, mientras te piensas si merece la pena sacar una entrada viuda.
Esta situación, citada a modo de ejemplo y basada en hecho reales, no pasaría de anécdota si no fuera porque se repite en el tiempo y en el espacio, es decir, que la inmensa mayoría de jóvenes de nuestro pueblo, pasa de recitales, de exposiciones, de proyecciones y demás eventos culturales que en mayor o menor medida disfrutamos en La Roda. Nos cuesta Dios y ayuda salir del refugio de un bar y calentarnos un poco la sesera. La falta de curiosidad y de inquietudes culturales debe tener una explicación y yo no acierto a encontrarla, aunque sí tengo claro que esta dejadez o falta de interés de la juventud es asunto y responsabilidad de todos y no sólo un problema de aquéllos comodones que eligen películas para no pensar o tienen la biografía de Beckham como libro de cabecera.
Desde hace años, es notable la ausencia de propuestas culturales que logren atrapar el interés de los jóvenes. La programación cultural no consigue desmarcarse de la zarzuela, de los conciertos tipo niños de Viena y un teatro que, además de escaso, resulta algo conservador y poco llamativo para los jóvenes, los cuales rápidamente lo meten todo en el mismo saco y si te he visto no me acuerdo. Parece claro que el primer paso para que todos despertemos de nuestro letargo, sería contar con un programa cultural completo, fresco, novedoso y sin miedo a arriesgar unas cuantas butacas del auditorio o alguna crítica trasnochada por su contenido.
Por tanto, ahora que todos estamos de campaña, lo único que pido al bando de los vencedores y también de los vencidos es que se tomen en serio el ámbito cultural y doten al pueblo con un programa digno de merecerlo, capaz de remover las conciencias de aquellos que piden la penúltima por aburrimiento en la barra de un bar. Y es que la cultura, como la suerte, hay que buscarla.
José Miguel Cortijo Simarro