Y cuando digo «nuestro» me refiero a que es algo que pertenece a todos nosotros. A menudo pasamos delante de algún edificio de cierta antigüedad, nos preguntamos quién vivió en su interior, qué historias tuvieron transcendencia tras esos muros, e imaginamos lo bonito que tuvo que ser en la época en que se terminó de construir y lamentamos lo descuidado que está actualmente. Achacamos por norma general este descuido a los distintos órganos de administración ya sean a nivel local, provincial, regional o incluso nacional.
¿Y que hay de las empresas que tienen capacidad adquisitiva como para llevar a cabo una restauración de dichos edificios? Empresas como LUBASA, FCC, DRAGADOS…, que además cuentan con medios materiales para iniciar dichas obras de restauración deberían seguir el ejemplo de algunas empresas petrolíferas italianas que colaboran en la restauración de ciertos edificios del Vaticano. No cabe duda que ellas podrían llegar a un acuerdo con la administración por el cual restaurasen el edificio obteniendo beneficios a medio o largo plazo y otorgarle algún uso útil a estas obras arquitectónicas.
Normalmente la gente justifica la posible rehabilitación del patrimonio con los impuestos pagados. Este dinero es a veces insuficiente o se necesita con más urgencia en otros sectores de nuestra sociedad que precisan atención prioritaria. Es por ello que, puesto que es nuestro patrimonio cultural, somos nosotros mismos los que debemos pararnos a pensar si no deberíamos poner algo de nuestra parte en lugar de esperar de brazos cruzados a que el Ayuntamiento, la Diputación o la Junta hagan algo y después criticarlo en caso de que no nos gusten los resultados. Como todos sabemos, en materia de patrimonio, las promesas electorales rara vez se llevan a cabo puesto que todo este proceso depende de un acuerdo entre un alcalde y un constructor escrito en una servilleta de bar.
De todo esto nos dieron un buen ejemplo en Santa Ana donde en 1992 un grupo de maestros del colegio de la localidad ayudados por algunos vecinos se dispusieron a rehabilitar la ermita del pueblo descubriendo unas ruinas romanas de incalculable valor histórico para la provincia de Albacete.
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