Pisando fuerte

  • Estamos contentos, muy contentos, con nuestros equipos de fútbol
09 septiembre 2013

Lo sentimos por Madrid. Por aquellas personas que habían fiado un futuro algo más halagüeño a la celebración de las olimpiadas, porque de verdad necesitan un horizonte despejado, porque no pueden más. Sólo por ellos.

Estamos contentos, muy contentos, con nuestros equipos de fútbol. Pleno de aciertos, como nos gustaría que ocurriera con más frecuencia. Porque así disfrutamos del lunes, sacando pecho, acercando el objetivo, soñando nuestra particular quimera.

En el Municipal, antes que el balón, corría cierta sensación de prisa –a punto hemos estado de poner urgencia- porque transcurridas tres jornadas tres, seguía sin llegar el triunfo y algunos empezaban a impacientarse y a no creer en este equipo que tiene la enjundia suficiente como para no pasar apuros. Dicho queda desde el principio, no nos vayan a llamar ventajistas luego.

Cierto es que el Lucena, como el Écija hace quince días, se mostró como un equipo menor, que está muy lejos del que consiguió el derecho a la liguilla de ascenso, la pasada temporada. Los del hiperactivo Falete –expulsado por hablar, válgame Dios-, aguantaron a duras penas hasta que llegó Dopico y dinamitó su sistema defensivo poniendo dentro del arco un balón que previamente había pasado por las botas blancas de Arturo, genial y efectivo otra vez más. Fue precisamente el delantero centro el que, minutos más tarde, recogió el rechace en el palo de un espectacular remate propio que ya había merecido el premio del gol. El balón terminó, pues, donde debía. Dos a cero y descanso. Tarde plácida.

La claudicación definitiva del Lucena llegó después del penalti y del segundo gol del nueve rodense –cuatro en tres partidos, buen presagio-. A partir de ahí, el conjunto de Monteagudo campó a sus anchas y puso tanta distancia en el juego como había en el marcador. Al final, reconocimiento y tranquilidad; el respetable se marchó satisfecho. Fuera dudas.

Antes, por la mañana, casi a la hora del desayuno, había jugado el Albacete Balompié en el Sánchez Pizjuán de Sevilla -¡que recuerdos, madre mía!-, frente al filial palanganero. Se jugaba el equipo de Sampedro, además de los puntos, el privilegio de seguir siendo el primero y la oportunidad de demostrar que los últimos acontecimientos extradeportivos no han trascendido desde los despachos al campo de juego. Mejor así, porque lo contrario hubiera añadido más despropósito y hubiera culminado, para mal, una semana convulsa y esperpéntica, impropia de un club con una historia a la que hay que rendir pleitesía.

La responsabilidad de los chavales y su buen fútbol soslayaron otros acontecimientos y, a lo que vamos, fueron suficientes como continuar encaramados en el primer escalón. Nueve de nueve, cuatro goles a favor, cero en contra; números para estar contentos, motivos para soñar. A ver si los dirigentes están a la altura y alguien pone coto a tanto desvarío y a cada uno en su sitio. A nosotros nos importa más lo que hacen los futbolistas en el campo, pero no le quitamos ojo a las intrigas palaciegas que acechan y amenazan. Necesitamos a unos directivos que estén, como mínimo, a la altura de los profesionales y no nos gusta lo que vemos. Los que tienen la responsabilidad deben ejercerla. Cuanto antes.