Y si resultara que al final estuvieran los dos peleando por ascender? ¿Se lo imaginan? Quita, quita… ¿Tú ves a La Roda ahí metida? Pues qué quieres que te diga… ahí lo pone, en el periódico. Mira, el Alba va primero y La Roda es quinta, a dos puntos del cuarto, ha metido tantos goles, veintidós, como el Cartagena y sólo dos menos que el Cádiz, que es quien más ha metido. Y lleva nueve goles en contra. Y con ellos juega un tal Arturo, que lleva catorce goles y es el máximo artillero de toda la Segunda B. ¿Qué, que no?
Con una facilidad insultante, como que no quiere la cosa, el equipo de Monteagudo pasa por la piedra a la mayoría de los que vienen por aquí. Los chavales se lo creen y eso, sin excesos, es fundamental porque a las virtudes meramente futbolísticas, que las tienen, añade un profundo poder de convicción, necesario, fundamental, para conseguir los objetivos.
Es cierto que no conviene apartar la mirada y confundirse, pero no lo es menos que cuando uno sale a disputar, en cualquier deporte y, aún más, en cualquier reto que nos plantee la propia existencia, tiene que hacerlo pensando en ganar, ganar y ganar, que decía el Sabio de Hortaleza. Es legítimo, es aconsejable. Así que no seré yo el que ponga puertas a esta ilusión; de momento sólo me fijo en un equipo que hace las cosas muy bien y que tiene buenos mimbres y buen cestero. Yo me apunto al sueño, que para despertar estoy a tiempo y tampoco me voy a rasgar las vestiduras si los acontecimientos nos ponen donde realmente nos corresponde. Bueno, mejor dicho, un poquito más arriba, porque que a nadie se le olvide que el presupuesto de este equipo es de los más bajos de toda la categoría y si fuera solamente por los dineros, estaríamos allí abajo, en el averno de las penurias.
Conviene tener todo muy en cuenta y no cejar en el empeño si queremos prolongar estos tiempos, paradójicamente de vino y rosas, para luego contar a los que vengan que hubo un tiempo en el que un equipo de fútbol nos hizo sentir orgullosos de ser de La Roda. Los jugadores responden de lo suyo, jugar y ganar; la afición –los que se quedan en casa, claro- debería demostrar que también sabe estar a la altura y apoyar con su aplauso y su dinero el esfuerzo de los que juegan y de los que organizan este tinglado, del que luego presumimos todos.
A todo esto decíamos que el líder sigue siendo el Alba, básicamente porque volvió impoluto del envite lorquino, frente a otro de los equipos que ha irrumpido con inesperada presencia en los lugares de privilegio. Nos cuentan que lo pasaron bastante mal los de Sampedro durante los primeros cuarenta y cinco minutos, que apretaban los del brócoli como unos zapatos nuevos y que si no es por Dorronsoro, a estas horas les estaríamos hablando de la tercera derrota del mismo equipo que se mostró esplendoroso hace justo ocho días.
Metidos en la dinámica del líder, se gana cuando no se merece y no se pierde casi nunca porque la sacamos de todos modos, hasta con el culo si hace falta. Está bien andar enredados en esos menesteres, los de mantener el tipo allá en lo más alto. La experiencia nos dice que no basta con estar entre los cuatro primeros al final de la liga regular, que luego es muy largo y muy penoso el camino que te saca del pozo, cuando te saca. Es muy importante estar y terminar primero, y para las dos cosas hacen falta el buen fútbol, el convencimiento, la moral y una dosis de buena fortuna, como la que nos dicen que tuvimos ayer en el primer tiempo del partido.
La próxima semana, enfrentamientos de enjundia. Los de rojo se van a Cartagena y no precisamente a visitar a los familiares de Arturo. Ya comprobaron el año pasado que es un campo, Cartagonova, en el que se puede ganar. Y esta vez van lanzados.
El Alba se las verá con el otro castellano-manchego en el Belmonte. El Guadalajara, que se cayó de la Segunda División por una chapuza de su Directiva, está empeñado en volver y anda por ahí, al acecho, esperando un traspiés de los que van delante. Ojalá que al Albacete Balompié no le ataque un exceso de responsabilidad y sea capaz de mantenerse en esa línea que tanto nos gusta y que tanto echábamos de menos.
