Sálvese quien pueda

  • Después de dos años del PP, no sólo han sido incapaces de alcanzar los objetivos propuestos, sino que además estamos muchísimo más enfangados que antes, con el agua al cuello y a un simple paso de caer definitivamente al fondo del abismo
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01 enero 2014

22 de diciembre de 2011. El Partido Popular presentaba en España su alternativa al mandato de Zapatero iniciando la décima Legislatura con la constitución del gobierno de Rajoy. “Un programa para los ciudadanos”, titulaban algunos medios como El Mundo, asegurando que la recuperación económica con el nuevo equipo estaba servida y a la vuelta de la esquina. Nada más lejos de la realidad. Después de dos años, no sólo han sido incapaces de alcanzar los objetivos propuestos, sino que además estamos muchísimo más enfangados que antes, con el agua al cuello y a un simple paso de caer definitivamente al fondo del abismo. Sálvese quien pueda. Lo peor podría estar por venir, aunque Mariano y sus acólitos sigan empeñados en hacernos creer que esto es Jauja, como contaba en mi artículo Todo es según el color del cristal (del coche oficial) con que se mira.

La realidad dista mucho del soñado mundo perfecto pintado en campaña de promesas. En este momento, España es ya el país con mayor desigualdad social de toda la eurozona; es decir, que ahora los ricos son más ricos y los pobres son más pobres con una diferencia entre rentas septuplicada y convertida en la más alta de todos los países miembros. Pagamos más impuestos que antes y hemos perdido más poder adquisitivo que nunca. Y mientras sobrevivimos como podemos, hacen y deshacen al libre albedrío sin tener en cuenta las opiniones de la ciudadanía en asuntos tan prioritarios como la educación o sanidad públicas. Plantean absurdas e incomprensibles leyes siguiendo la estela de su propio beneficio e intentan callar las voces transmisoras de una realidad que asola al país a pie de calle. Nuestro Estado de Bienestar está siendo brutalmente atacado, porque como tantas veces repite mi sabio vecino -yayoflauta de pro- en las tertulias políticas que acompañan a sus partidas de brisca, “nos están jodiendo la vida a base de bien”.

La reforma laboral, esa máquina destructora de trabajo que facilita el despido rápido y barato, se encuentra bastante lejos de aquel “empleo seguro y flexible para todos” prometido en el programa electoral. Nos garantizaron una bajada de impuestos e incremento de pensiones, no tocar jamás el IVA ni imponer el copago sanitario, impedir la utilización de dinero público en un rescate a la banca, evitar recortes en derechos sociales básicos, etc. etc. Una de dos: o sufren amnesia o nos engañan cada vez que abren la boca para criticar lo que otros hacían y ahora imitan sin pestañear. Sirva como ejemplo aquella campaña de rebelión iniciada por Esperanza Aguirre contra la subida del IVA en 2010, o las duras críticas al anterior equipo de gobierno por engordar el recibo de la luz en fechas navideñas. Así que, en lugar de mejorar, España continúa retrocediendo a niveles de hace décadas; eliminando derechos y exigiendo más sacrificios, escudándose continuamente en la gestión de Zapatero y su famosa herencia recibida, pero sin ofrecer hasta la fecha la más mínima medida efectiva que nos haga salir del profundo pozo en el que nos encontramos.

Por esas curiosidades que tiene la vida, merece la pena echar un vistazo a la hemeroteca y recordar ciertas declaraciones realizadas por Mariano Rajoy, desde la oposición o en el mismo inicio de su mandato. Compromisos que, ahora con el paso del tiempo, suenan de forma muy distinta a como lo hicieron en su momento:

-“No soy partidario del copago en la sanidad”.

-“Mi intención es no subir los impuestos, porque con las dificultades que están teniendo las empresas y los españoles, no me parece lo más razonable”.

-“Hay que bajar el IRPF”.

-“No creo que haya que abaratar el despido”.

-“La subida del IVA es un sablazo de mal gobernante”.

-“No tengo intención de bajar las pensiones el año que viene”.

-“No va a haber ningún rescate de la banca española”.

“El Partido Popular se compromete a que educación, sanidad y pensiones, jamás sean afectadas por la crisis económica”, aseguraba también Alberto Ruíz Gallardón, mientras Esteban González Pons prometía entre aplausos: “Que no cuenten con el Partido Popular para inyectar ni un euro en los bancos que no vaya a las familias y a las pequeñas y medianas empresas”. De vergüenza, sin duda alguna. Porque, recordando otra frase mítica del presidente de España, “el peor error que puede cometer un gobernante, es no estar en la realidad”.

Hay quienes dicen que todas estas cosas no les importan, que evitan ver las noticias, leer la prensa o hablar de política para no pillar cabreos, que compran el libro de la Esteban y ponen cada día el Sálvame porque “para preocupaciones ya está la vida misma”. Eso sí, después se sienten más españoles que el jamón de Jabugo por colgar en el balcón la bandera rojigualda en días de partido. El patriotismo les hierve en la sangre cuando juega la insigne selección nacional. Y si fuera necesario manifestarse ante la sede de la FIFA, lo harían desgañitándose para defender los colores de su país. ¡Faltaría más! La política no va con ellos, pero el fútbol ni tocarlo, vamos. Desde arriba nos tienen domesticados, lo saben y se aprovechan de ello a la hora de seguir apretando la tuerca hasta hacer estallar la rosca.

Mirando con preocupación al futuro, imagino a los niños de hoy preguntando a sus padres qué hicieron para evitar la situación que les tocará vivir. Nada. Ni sabrán que contestar. “No se hizo nada, hijo”, dirán. Pero ganamos el Mundial y aquellos que anunciaban los embutidos en la tele decían que hay que estar orgullosos de ser españoles.

Caminamos sin remedio sobre arenas movedizas. Nos hundimos lentamente. Y a pesar de ello, estoy seguro que antes de acabar estas líneas, aparecerán los de siempre asegurando que no tengo razón, que hablo por hablar y que España es, como poco, el paraíso terrenal alcanzado gracias a la magnífica e intachable gestión del partido de la gaviota. Vale. Muy bien, si es lo que pensáis. Pero no me lo digáis a mí. Decídselo a los casi 5 millones de parados, al 28,2% de la población española en riesgo de pobreza o exclusión social, a las 400.000 familias desahuciadas que han perdido sus casas, o a esos niños que se dedican a buscar comida en las papeleras durante el recreo antes de lanzarse al comedor los lunes porque no han probado bocado en todo el fin de semana.

Esa es la España del presente, la que muchos intentan no ver al estar tapada por unas siglas a las que parecen deber fiel obediencia. Pero en política, como en el fútbol, es bueno ser crítico con el equipo cuando hay que serlo. Se debe saber aceptar la derrota si los jugadores no dan la talla en lugar de echar la culpa permanentemente al árbitro o a aquellos que en su día dejaron el club. Porque, en este caso y en esta dura carrera de fondo hacia un futuro digno, si lo hacen mal, nunca pierden ellos, no. Perdemos todos y cada uno de nosotros.