No me resulta fácil entrar hoy en disquisiciones futboleras, sumergido como estoy en un mar de confusiones que tienen que ver con mi manía de cifrar, en gran parte, mi estado anímico a los resultados de un deporte que me apasiona y me desquicia a partes iguales. No es para tanto, ¿verdad? Pues eso mismo pienso yo, pero llega el lunes y no paro de darle vueltas a las ocasiones perdidas, a los balones al palo, a las decisiones arbitrales, a lo que pudo haber sido y no fue… Y me cojo la clasificación y echo cuentas que no me salen por arriba y me empiezan a salir por abajo.
Ayer empatamos, así en general, pero el sabor de boca fue bien distinto. El Alba nos volvió a bajar los ánimos, por los suelos casi desde el pasado domingo y fue incapaz de resolver la papeleta ante un buen equipo que, sin embargo, no da para tanto, digo para poner en tantas dificultades a uno de los favoritos. Dijo Manolo Sanlúcar, que no es el que toca la guitarra, que es el entrenador del Algeciras, que se tenía muy estudiado al Albacete. No es difícil, Don Manuel. Basta con subir la línea de presión, dos a los centrales y otros dos a los que vienen a recibir y ahí mismo se cortocircuita el equipo de Sampedro. Así de simple.
No se trata de renegar del sistema, como repitieron una y otra vez entrenador y futbolistas. Se trata de llevarlo a cabo, de alcanzar el éxito, de ganar los partidos. A mí también me gustaría que Rojas fuera Piqué, Núñez, Mascherano y Mario Ortiz, Sergio Busquets; pero no, no son lo mismo y los rivales lo saben. Ahí se las dan todas –casi todas, vale- al Albacete Balompié, de manera que la transición defensa-ataque se hace eterna, eso cuando no se regalan tres o cuatro ocasiones, como fue el caso frente al Algeciras o ante el Cádiz hace ocho días. La diferencia estriba en que el visitante de ayer te perdona y el de la semana pasada te mata; te mató cuatro veces, vaya.
Si a esas dificultades terribles en la creación le unimos la falta alarmante de puntería –tres partidos, cero goles-, el resultado son siete puntos de desventaja frente al líder, ese que decíamos que terminaría por desinflarse pero que no perdona ni una y está en el camino de culminar brillantemente una temporada que ni imaginaba allá por el mes de Agosto. Es triste, pero a este Alba sólo le queda apalancar el play off y olvidarse de otras metas con las que habíamos soñado.
En el cielo de la mañana albacetense se recortaba ayer la silueta de una guitarra. Emotivo homenaje al maestro de Algeciras, Paco de Lucía, sentido minuto se silencio. Y el Albacete Balompié, que hizo lo posible por quedarse, al final, Entre Dos Aguas.
En El Carpio, donde juega el filial cordobesista, tuvo La Roda C.F. la oportunidad de refrendar la esperada recuperación. Lo consiguió a medias y como suele ocurrir cuando se empata se pudo ganar y se pudo perder. Lo que pasa es que no es lo mismo empatar cuando se va ganando que hacerlo igualando la desventaja. Lástima ese penalti cuando se terminaba el primer tiempo.
Si de lo que se trataba es de mantener a raya a otro rival directo, el equipo de Monteagudo se puede sentir satisfecho. Si lo que se pretende es ahuyentar el peligro y procurarse una recta final placentera, entonces conviene dejar encendido el disco de color ámbar, porque todavía acechan las dificultades y podemos resultar damnificados si nos relajamos, aunque sea un poquito. Al revés que el Alba, La Roda si depende de sí misma para culminar el objetivo. Seguir otro año en esta categoría sería, en lo deportivo, como ganar la Champions. Bueno, casi.
