Estos días mi hijo pequeño ha empezado sexto de primaria. Al igual que los últimos cuatro años no ha tenido la oportunidad de estrenar los libros, ha heredado los que han utilizado, manoseado y maltratado varios cursos anteriores que con éxito ya superaron la primaria. Con alguno de ellos se puede jugar a las cartas, ya que tienen más aspecto de baraja española que de instrumento válido para la educación. Al forrar los libros, no para que no se estropeen todavía más sino para que no se desmoronen del todo, mi mujer se ha percatado de que el primer propietario del ajado texto de conocimiento del medio había sido nuestro hijo mayor. Casualidades de la vida.
Efectivamente, en la ficha que viene pegada en el envés de la portada del libro está escrito, en primer lugar, el nombre de nuestro hijo mayor. Vamos, que la longeva vida del texto alcanza ya la friolera de… ¡cinco años! Cuando el libro empezó su andadura por esta vida, Letizia Ortiz presentaba el telediario, los viejos olmos reinaban en el Ramón y Cajal y el PSOE gobernaba nuestro ayuntamiento. Bueno, ya sé que he exagerado un poquito, pero si esperamos algo más, a mi hijo le toca estudiar con mi libro de sociales de sexto de E.G.B. En aquel tiempo, Adolfo Suárez era noticia por ser el presidente del gobierno, ahora lo ha sido por su fallecimiento y porque da nombre a un “casiparque” en La Roda, España también vivía una crisis económica y el Atlético de Madrid quedó, al igual que este año, campeón de la liga; vamos, que según el criterio de la Consejería de Educación le hubiera valido perfectamente. Menos mal que Cospedal, la princesa del reino central, todo lo que se va a ahorrar en sueldos de diputados lo va a invertir en educación y no en asesores nombrados a dedo. ¿Alguien lo pone en duda?
Reconozco que la idea de la gratuidad de los libros de texto es muy buena, el que estos se transmitan de unos alumnos a otros es práctico, económico y ecológico; los políticos también hacen lo mismo y se transmiten unos a otros los puestos en los consejos de administración de grandes empresas privadas, algo también muy práctico para ellos y económico para sus bolsillos, lo de ecológico ya no lo tengo tan claro.
Hablando de libros de texto, ¿sabíais que hay uno específico para la educación física? Si en mi época hubiera existido, seguro que muchos hubiéramos preferido un temido examen oral a tener que brincar el endiablado potro, que más de uno nos hicimos polvo la hombría en el intento. Todavía recuerdo el día en que saltándolo me quedé a medias y por escasos milímetros no me separé la yema de la clara. Hizo mucho mal en nuestra generación. Estoy convencido de que ha sido uno de los causantes de la baja natalidad que sufrimos ahora en España. Se me encoje el culete cada vez que me acuerdo de aquel maldito salto.
El mayor estrena igualmente curso, y nueva etapa educativa, comienza primero de bachillerato. Le han dicho que el primer día no vaya hasta las 12 de la mañana, me imagino que el motivo es para que gradualmente se vaya adaptando al nuevo horario. Me ha recordado a cuando era pequeño y el primer día lo llevaba solo media hora, luego una hora y hasta octubre no completaba la jornada completa, aunque no sé si era para que se adaptara el niño o para que la profesora tomara poco a poco conciencia de lo que se le venía encima.
Rubalcaba, ya fuera de la política, también inicia nuevo curso como profesor de química en la universidad. Después de treinta años fuera de la enseñanza seguro que va a necesitar un largo periodo de adaptación. ¿Hacemos apuestas a ver cuánto tarda en ser fichado por alguna multinacional?
Yo también regreso al trabajo el lunes, les voy a mandar un “whatsapp” a mis jefes para decirles que hasta la una no me esperen, les adjuntaré el emoticono de la carita sonriente; bueno, mejor dos, hay que ser generoso; ¡ah! y las zetas esas azules, para que sepan que aún tengo sueño. El martes iré a las doce y media, el miércoles a las doce…, para Navidades completo la jornada. Seguro que no me ponen pega alguna, necesitan también adaptarse a mí.
